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Sigfrido Martin Begué


REALISMO PICTÓRICO DE IVÁN

EN DOS DIMENSIONES

2005

Óleo sobre tela — Acrylic on canvas

118 x 118 cm


 

ES

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Una dirección diametralmente opuesta a la que toma desde sus comienzos el artista madrileño Sigfrido Martín Begué, nacido en el año 1959 y fallecido repentinamente en el 2011 a sus cincuenta y un años. Begué niega el legado minimalista y también la tendencia explosiva de los nuevos salvajes neoexpresionistas de la década de los ochenta, sus tempranos comienzos artísticos, para centrarse en una obra que recupera un disfrute del buen hacer que dialoga con el teatro, el cómic, las herencias metafísicas del surrealismo y el cine de la primera mitad del siglo xx.

Si algún defecto pudiera inferirse de su obra es un exceso de narratividad casi ilustrativa, pues Begué era un creador que hacía arte dentro del arte, pintura dentro de la pintura, dibujo dentro del dibujo y así, en un eterno carrusel que gira sobre símismo para debatirse sobre las complejidades de la propia creación plástica, los lenguajes visualeso los debates que debe superar cada artista que se instaure en el medio de la tradicióny la vanguardia, como todo artista de una era de transición, una era de cambios, como éllo fue.

Más conectado con Chirico que con Dalí, más próximo al posmoderno retorno al orden italiano que a la debacle alemana-española, más paralelo a Guillermo Pérez Villaltaque a Barceló, Begué escondía un misterio entre sus manos, el don de la poetización detodo aquello que hiciera, sin angustias, dotado siempre de un rigor perfeccionista y burlón, gracioso e inteligente.

ENG

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A diametrically opposite direction to the one taken ever since his beginnings by the artist Sigfrido Martín Begué, who was born in Madrid in 1959 and died suddenly in 2011 at the age of fifty-one. Begué refuted the minimalist legacy and also the explosive tendency of the new wild neo-expressionists of the eighties, his early artistic output, in order to focus on a body of work that recovered a pleasure in the idea of a job well done that dialogues with theatre, comics, and the metaphysical legacy of Surrealism and film from the first half of the twentieth century.

If there was one defect to be discerned in his work, it is an excess of almost illustrative narrativity. Begué was a creator who made art within art, painting within painting, drawing within drawing, and so on, in a perpetual carrousel that turns around itself and argues about the complexities of its own making, the visual languages or debates that every artist who places him or herself at the crossroads of tradition and vanguard must overcome, as is the case of most artists in an era of transition, an era of change, which was his case.

More attuned to Chirico than to Dalí, closer to the Italian post-modern return to order than to the German-Spanish debacle, more in synch with Guillermo Pérez Villalta than with Barceló, Begué concealed a mystery in his hands, the gift of poetising everything he did, without anxiety, always imbued with a perfectionist, mocking, amusing and intelligent seriousness.

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