JIRI GEORG DOKOUPIL
Después de 30 años y por primera vez en las Islas Canarias, Jiri Georg Dokoupil, (Krnov, República Checa, 1954), presenta alrededor de ciento treinta dibujos, realizados en su mayoría durante su reciente estancia en Gran Canaria. No son apuntes menores ni material auxiliar: son el lugar donde la insurrección persiste en estado puro. La rebelión continúa. La rebelión contra el conceptualismo no fue un episodio cerrado en los años ochenta; sigue ocurriendo, hoja a hoja, en estos muros.
Figura clave de la pintura europea contemporánea y miembro destacado del grupo Mülheimer Freiheit, Dokoupil irrumpió en la escena internacional con una desconfianza radical hacia cualquier ortodoxia. Frente al dominio del arte conceptual, sostuvo que la pintura y el dibujo siguen siendo máquinas de pensar, no reliquias de un lenguaje exhausto. Toda su obra se ha construido en ese filo donde la idea deja de ser consigna y vuelve a convertirse en riesgo. Los dibujos reunidos aquí no forman una serie. Funcionan como un laboratorio abierto en el que cada trazo es un experimento mental, una prueba de resistencia aplicada a una idea. Dokoupil los concibe como un proceso de verificación: un modo de comprobar si una intuición se sostiene, si puede transformarse en pintura, en escultura o como él mismo afirma, “en un mundo entero”. La sala no muestra un resultado, sino el sistema nervioso de su práctica.

La división en tres grupos —Memory Drawings, Autorretratos de Walter Dahn y Desnudos insólitos (Komische Akte)— ha sido establecida por el propio artista de forma orgánica y libre, como un gesto artístico y no como una estructura lógica. En los Memory Drawings, Dokoupil dibuja con los ojos cerrados, permitiendo que la mano piense antes que la mente. Los Autorretratos de Walter Dahn reactivan, a través del rostro de un amigo y cómplice de juventud, toda una era compartida. En los Desnudos insólitos, el cuerpo se convierte en escena de humor, ironía y deseo, sin pedir permiso ni ofrecer disculpas.
Colgados muy juntos, ocupando el espacio como una corriente continua, estos dibujos componen una cartografía del pensamiento en movimiento. No hay jerarquías: lo mínimo convive con lo excesivo, lo preciso con lo torpe, lo íntimo con lo grotesco. Dokoupil no busca un estilo que lo represente, sino un estado de libertad que le permita seguir probando, seguir contradiciéndose, seguir empezando. En palabras del propio artista, “durante los ochenta, lo único prohibido era prohibir”. El eco de esa frase atraviesa la exposición. La rebelión continúa cada vez que una hoja de papel se convierte en el lugar donde una idea se atreve a aparecer sin pedirle permiso a ninguna teoría.